Al solito posto

Escrito por el 7 marzo, 2012 en Alta Suciedad - No comentado

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Llego  a la ciudad. Vas y aparcas la moto. Vas y te sientas en un bar. Vas y te pides café. Vas y abres el portátil. Vas y quieres escribir. Nada. Así que vas y coges el periódico, lo ojeas, de arriba a abajo. Vas y miras a la camarera. Vas y te cambias de mesa. El gran ventanal. Abres el portátil, te enchufas la música y te dispones a escribir. No hay nada. Así que empiezas a navegar y a contestar mensajes y a comprobar que tienes cosas que decir y que no dijiste, respuestas atrasadas desde hace 167 días. Vas y contestas. Abres la agenda y la revisas. No hay chicha. No hay nada previsto. No hay chicas.

Vas y te pides más café. El café es agua sucia, pero este bar tiene wi-fi. Hay palomas que se están cagando sobre tu moto, pero no te levantas, porque hay algo en tu cabeza. De nuevo intentas escribir y escribes: ‘Nada, no sale nada’. Piensas que el café sabe a mierda de paloma así que te pides una cerveza. Sales fuera, al solito ‘posto’. Vas y te pones a mirar a las chicas, y lees una noticia de Artur Menos o Duro y Yodo. Vas y empiezas a fumar, porque una cosa lleva a la otra. Va la camarera y te mira. Por fin. Una cosa lleva a la otra.

El café sabe a mierda de paloma así que te pides una cerveza.

Menos se mete conmigo, porque se mete con los andaluces, así, a lo bestia, y yo me pregunto qué carajo sabe este menda sobre mí, y sobre el resto de andaluces, o de los nigerianos, o de los habitantes de la Patagonia, para hablar con esa rotundidad. Así que voy y paso de Menos y de Yodo.

Abro el portátil. Voy e intento escribir. Pero ya no hay ganas, porque ya no hay esperanzas, o mejor dicho, la única esperanza consiste en aquello que no puede ser descrito, escrito, dicho… La única esperanza es aquello que puede ser sentido, lo que nos redimirá.  Así que voy y escribo eso sobre una servilleta. Y luego quieres oír o quedar con algún buen amigo o alguna buena amiga, o alguna buena ex, o algún buen pedazo de carne con ojos, que pueda escucharte con cierta empatía y que no sea tu perra… pero te cuelgan tus dos intentos.

 Yo me pregunto qué carajo sabe Artur Menos sobre mí para hablar así

Como ya llevas tres cervezas y el sol te da de lleno y la música estallando en tus orejas te está volviendo loco vas y le hablas a la camarera y va ella y sonríe y responde y se ríe.  Vas y ves esa mirada. La mirada. Vas y abres el portátil. Dos cafés, tres cervezas, dos llamadas.  Y empiezas a escribir. Va la camarera y dos horas después, con el sol ya empezando a bajar, termina su turno y se sienta contigo y de allí vais a la moto cagada de mierda de paloma negra y de ahí a tomar unas tapas y a contarle rollos y así. Ese fue el día, al solito posto, en el que conocí a V.

Desde entonces, algunos informes, facturas, buenas noticias y también malas, las despacho arramblado en ese rincón soleado de bar y pienso en las palomas, en Artur y en que podrían cagarsele encima tal y como él de vez en cuando suele excretar sobre nosotros. Pero eso ya es otra historia.

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Acerca del Autor

Yo soy aquellos dos de cuya lucha consisto. Luego pedimos una botella de vino y con el viento de cara y salpicaduras de vida en las sienes, estaban las piernas largas tendidas y todo el mundo girando en sus ojos... Y al final fuimos tres... 3 en 1, como el aceite o la Trinidad... qué cosas. Intento disfrutar a pesar de todo. Más artículos y opiniones en Un cielo dividido o en @tasionite

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