Boris Savinkov: Dandi, asesino, mujeriego, letal… escritor

Escrito por el 11 abril, 2012 en IN, Libracos - No comentado

Boris Savinkov: Dandi asesino y mujeriego letal; dandi, asesino, mujeriego y letal; o todo seguido y mezclado en un sintagma apabullante de efecto mortalmente interesante. La vida de Savinkov es de película, de hecho se ha realizado alguna versión cinematográfica de la trepidante novela que os quiero recomendar, ‘El caballo amarillo’, en la que su protagonista, George O’Brien, narrador omnisciente, no es, ni más ni menos, que el álter ego de Savinkov; destacaría un interesante film de producción post-soviética, y de nombre traducido algo así como ‘El jinete llamado muerte’, que en 2004 se apañó con buen resultado de Karen Shakhnazarov (no deja de ser un telefilm).

En definitiva, sin Savinkov, que también fue inspiración recurrente para los deshilachados y nihilistas personajes de Albert Camus, la figura del espía que conocemos actualmente, del bohemio revolucionario, del romántico luchador… o no existiría o, sencillamente, sería radicalmente distinta. Porque Savinkov fue todo esto: escritor, abogado, político, militar, terrorista, viceministro, revolucionario, contrarevolucionario, asesino, amante… asesinado, pero ante todo, lo que Savinkov fue es un radical, un radical de la vida misma.

De hecho, gran parte del interés de esta novela, que se lee del tirón, es conocer, saber, que detrás de ella hay una historia real, que te permite no sólo imaginar, sino tener la certeza, de que la trepidante vida de George O´Brien fue cierta  

El título ’El caballo amarillo’ remite al Apocalipsis bíblico: “Y miré, y vi un caballo amarillo; y el que cabalgaba sobre él se llamaba Muerte; y el Hades le seguía muy cerca”… La novela cuenta cómo son los días desde que George y sus hombres llegan a Moscú para cometer el atentado de un alto funcionario ruso, y hasta que el grupo se disuelve definitivamente (no os revelaré si cumplen sus objetivos o no). Esta novela fue escrita por Savinkov en 1909, en Paris, mientras ‘disfrutaba’ de un exilio forzado precisamente por cometer en Rusia los más espectaculares atentados de 1904 y 1905, con lo que su popularidad en determinados ambientes políticos y estudiantiles se disparó.

Todos los personajes de la novela son descritos con sinceridad y a base un escalpelo narrativo que adelanta determinado gusto por las frases certeras, aunque llenas de contenido, muy al estilo norteamericano; ese narrador omnisciente sin embargo, a través de sus reflexiones, eleva esta obra a la categoría de las grandes novelas ‘morales’ de la literatura rusa, en el tronco que encabeza Dostoieski.

Vania es un fanático religioso que justifica su ira con un misticismo inmaduro; Heinrich es un socialista convencido que no podrá vencer a sus escrúpulos morales; Erna, experta en explosivos, está enamorada a cielo abierto de Savinkov, perdón George, perdón Savinkov…; Fiodor es un aventurero que será víctima de los juegos de guerra, amor y terror en los que están inmersos. Pero también está Yelena, casada, con un militar, de la que no puede evitar estar enamorado, y que juega con él insistentemente por resultarle más excitante el terrorista que su marido, o que un estudiante, o que otro militar… o que un de gatos.

Savinkov es un burgués con una bomba en el bolsillo’, dijo Lenin de él

Pero cuando fue juzgado en septiembre de 1924 por un tribunal revolucionario y pronunció su alegato de defensa, el autor de ‘El caballo amarillo’, popularísima obra en Rusia ya en esa época, hizo que temblaran de nuevo los resortes del Estado (otro Estado esta vez) y el cacareado valor de aquellos que le juzgaron y condenaron: “No me asusta morir. Ya conozco la sentencia, no me importa. Yo soy Boris Savinkov, el que siempre jugó a ambos lados de la barrera, revolucionario y amigo de revolucionarios, juzgado ahora por un tribunal revolucionario”. Ese mismo comienzo de alegato fue difundido por la revista ‘Time’ en una especie de epitafio memorable y épico.

De modo que Vania, Heinrich, Erna, Fiodor, Yelena y el propio George, se te meten en la piel como el mejor de los perfumes

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Acerca del Autor

Yo soy aquellos dos de cuya lucha consisto. Luego pedimos una botella de vino y con el viento de cara y salpicaduras de vida en las sienes, estaban las piernas largas tendidas y todo el mundo girando en sus ojos... Y al final fuimos tres... 3 en 1, como el aceite o la Trinidad... qué cosas. Intento disfrutar a pesar de todo. Más artículos y opiniones en Un cielo dividido o en @tasionite

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