Cierra ‘La Espiga’ de Córdoba

Escrito por el 18 enero, 2012 en Alta Suciedad, Sin categoría - No comentado

El enlace lo ponemos en segundo lugar pero haced el favor de leer esta humilde crónica con la música de Coldplay ya conectada.

Quedé con ella a las 20.00 horas. Las sombras del fondo, el leve olor a humedad. El tercio de Mahou. El pelo de ella. Bajar la calle con niebla. Bajar la calle con sol. Bajar la calle con viento… con lluvia… con luz ladeada… con el sol del alba de frente… el de la tarde de costado…con la gente, también, de frente o de costado… diluviando… cayendo rayos… por la noche… por la mañana… en la soledad de Agosto también. En la soledad eterna, sin más. La Cruzcampo en el barril. ¡Qué sólo se ha sentido uno a veces!.

Quedé con ustedes a desayunar. Subir la calle también. Y quedé con ellos a las 22.00, y quedé a las 14.00 y a las 23.00, y sin quedar con nadie me presentaba allí, y allí había alguien, y si no había nadie, me hacía fuerte en cualquier rincón, con un libro y una canción, porque allí había vida, allí olía a vida y allí podía pensar lo verdaderamente importante: la vida. Parte de la mía y parte de la de mucha otra gente que ha pasado por allí; olía. ¿Qué pasa cuando se acaba el tiempo de los templos emblemáticos?

Me presentaba allí a cualquier hora indecente, incluso decente; a veces, si no podía dormir, me levantaba y andaba la ciudad, apaciblemente silenciosa y solitaria a esas horas, como las buenas ciudades ¿qué carajo hace todo el mundo despierto a la 1? En la ciudad C la gente que debe dormir duerme, y la que no, espera dormir caminando. Porque la ciudad C aún se camina. Buscaba allí, buscaba allí tiempo y lo que fuera, y cualquier cosa sería suficiente. Cualquier día, si eso correspondía, había allí un poco de tiempo, guardado para mi, cálido y expectante, esperándome.

Imagina que te enamoras allí, y que luego te desenamoras, imagina que aprendes a sufrir, que aprendes a ver tus trastos, que la vida se ha hecho grande en tu vida y todo eso allí… 

A veces, tras doce horas luchando contra todo y contra todos, me presentaba allí. Y hubiera o no hubiera alguien, me abrigaba aquella barra, cualquier rincón de aquel garito, aquella gente, o sus conciertos… Allí leía y allí tomaba notas. Allí ordenaba la vida en apuntes de agendas muertas… Pensaba que todo estaba perdido, que era complicado seguir adelante, pero que como que era aún peor abandonar, finalmente seguiría adelante. A veces la conjura era colectiva. Seguiríamos. ¿Qué es lo que ocurre cuando están cerrando algunos valores?

Allí adornamos nuestra soledad y compartimos el tiempo de las personas que nos quisieron, Allí, y en sitios como aquél, nos hicimos duros a la vida, y nos hicimos endebles al recuerdo. Allí aguantamos a poetrastos de mierda y a sublimes artistas no escuchados, por borrachos o pesados.

También allí me presentaba, allí, antes o después, cuando fuera, si es que visitaba Córdoba… Cuando ha llovido me metía allí. Con el amor de uno, llovido encima de otros, me metía allí; desposeído y lento, absurdo y lleno de tedio, hasta los tuétanos, me metía allí; a veces salía rico de cariño y de momentos sensibles y cálidos, la mayor de las veces, escaldado y solo, templándome a mi mismo… pero me metía allí. Aquella era nuestra cueva, el hogar de tantos sentimientos y de tantas noches, que tan sólo ALLÍ sabe cómo fueron. ¿Qué pasa cuando una parte de ti te cierra sin permisos ? ¿Qué pasa cuando una ciudad se muere por quererla crear de nuevo sin saber?

Quedé con nadie a ninguna hora, allí, a pesar de que tantas y tantas veces las noches, y las miradas, y las risas, y el amor, fueron tan suficientes, allí, como la vida misma es suficiente en cualquier sitio, y como con nadie hace falta quedar, yo quedé… Que la tierra le sea leve a La Espiga. 

Y aquí tenéis más sobre ese antro de libertad y de emociones que tantas noches de alta suciedad nos alumbró. El Blog Cantemos como quien respira. Y que levante la mano quién jure que parte de la magia de Córdoba no reside en lugares como este, porque a ese le espetaré en la cara que se equivoca. Bueno, residía, como el valor habitaba en nosotros antes de que nos desnudaran.

 

Comparte cultura

Acerca del Autor

Yo soy aquellos dos de cuya lucha consisto. Luego pedimos una botella de vino y con el viento de cara y salpicaduras de vida en las sienes, estaban las piernas largas tendidas y todo el mundo girando en sus ojos... Y al final fuimos tres... 3 en 1, como el aceite o la Trinidad... qué cosas. Intento disfrutar a pesar de todo. Más artículos y opiniones en Un cielo dividido o en @tasionite

Comenta este artículo