Contigo, el sol se apagaba y volvía a brillar

Escrito por el 8 febrero, 2012 en Alta Suciedad - 2 Comentarios

Hubo una época frágil. Hubo una época delicada. Reteníamos cada segundo con la intensidad de la eternidad mascada. Ahora la vida se compra en tiendas, con números de tarjetas de crédito, largos, y de seguridad, cortos… CCV. Hubo una época de cristal y chapa. De atardeceres con los pies colgando de extensos puentes sobre el abismo. El sol se apagaba y la vida cobraba más intensidad. Le metíamos mano a lo oculto. Las horas se sucedían como simples toques de baqueta bien armoniosos. Los libros en la mochila eran nuestro escaparate.

-Sorbe un poco más.

-Es dura.

-Tu sorbe. ¿Ves el sol?

Las listas nos reflejaban el pelo trigueño o morado o castaño o azabache y el viento levantaba los mechones o las greñas al tun tun. Tun Tun hacía yo sobre tí. Tun Tun hacía nuestro corazón viendo pasar chicas en el muelle. Tun Tun, las venas en las sienes, que enaltecían su existencia al andar equilibrando sobre cuerdas al vacío: nuestro vacío vital no era tal porque estábamos plenos. A la izquierda un campo de cebada tostándose milenariamente, a la derecha un gran centro comercial, a la espalda el futuro, mientras mirábamos de frente y con los pies colgando del abismo, el horizonte de la gran ciudad mansa sin pararse nunca a repostar que era nuestro presente más eterno. No importaba nada más. Tun Tun

Sigo teniendo las mismas ganas de gritar. Sigo teniendo las mismas ganas de meterme donde no me llaman. Sigo teniendo las mismas ganas de echar a correr y desatar esa sana vitalidad. Sigo teniendo las mismas ganas de hacer una bella revolución. Sigo teniendo las mismas ganas de deshacer las de otros y volver a empezar. Sigo teniendo las mismas ganas de preguntar acerca de lo que importa; de leer lo que importa; de sorber lo que importa; de llorar acerca de lo que importa… Sigo mirando de soslayo deslumbrado por la luz el paso de un tiempo que no nos pertenece.

Sigo teniendo ganas de tí, de recorrerte apretando mis manos desde tu culo y hasta tus tetas, de taparte la boca con mi mano y … Tun … Tun…  Tun … Tun … volver a empezar justo al terminar

Recuerdo, mi amiga, que contigo los tiempos venían y todas las colinas eran de un verde distinto. Van. La luz se hacía. Brilla. El sol se apagaba pero siempre volvía. Brillaba. ¿Quiénes éramos entonces aparte de extraños? ¿Dónde estabas tú cuando yo ya yacía? Claro que era el espíritu del mundo, claro que era girar y volver a girar; dormir y despertar; claudicar y vencer; albear y yacer; pero, en serio mi amiga, yo creía que eras tú… sin más, que eras tú la maga que hacía que el sol se apagase y al poco volviese a brillar.

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Acerca del Autor

Yo soy aquellos dos de cuya lucha consisto. Luego pedimos una botella de vino y con el viento de cara y salpicaduras de vida en las sienes, estaban las piernas largas tendidas y todo el mundo girando en sus ojos... Y al final fuimos tres... 3 en 1, como el aceite o la Trinidad... qué cosas. Intento disfrutar a pesar de todo. Más artículos y opiniones en Un cielo dividido o en @tasionite

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Tash dice:

Muchas gracias amiga ;)

María dice:

Con éste te has superado a ti mismo. ¡Me encanta!