Esa pequeña sensación

Escrito por el 3 abril, 2012 en Alta Suciedad, IN - No comentado

Son las 7.30 de la mañana. Una de esas noches en las que las horas parecen transcurrir a ritmo de miel. La tele no ayudó, los libros no ayudaron, los recuerdos empiezan el desvelo y finalmente las proyecciones y proyectos de futuro te levantan el culo del sueño. Afortunadamente están el café, TVE 24 Horas y Eartha Kitt, además de un buen número de apuntes y fotos tiradas en el suelo de tu tiempo. Así que este post va acerca de la música que suena en el corazón solitario del insomne. Con el tiempo uno se va desescribiendo, es decir, más escribes menos te queda por escribir, por lo que cada palabra y cada vivencia se hace más preciosa: la música del insomne es la de un amante que susurra bellezas, pero que sólo habita dentro de nuestra cabeza.

La música del insomne es la de un amante que susurra bellezas sólo dentro de nuestra cabeza

Con la ciudad empezando a rugir en la amanecida, la lluvia cayendo sin apenas mojar, las camisetas pegadas y la enervada sensación de excitación incontenible. Una de esas noches tersas del Sur, en las que llueve pero la calidez y la humedad hacen de la oscuridad un abrazo confortable. Igual era aquella nocturnidad: ¿conoces a Eartha Kitt? No sé, tendría yo 19 o 20 años y no la conocía; así que a las cinco de la noche cogí la moto y fui disfrutando de la inexistencia absoluta de problemas y de un camino despejado de mastodontes.

Al llegar me esperaba en ropa interior y una camiseta; calzaba sus pies y una enorme sonrisa de gato con botas; cogió un discman y me subió; nunca había estado en aquella altísima azotea. El piso era uno de los habituales, el piso franco de los encuentros y desencuentros, el escenario habitual de nuestras guerras, de nuestro amor o de lo que fuera. Pero allí, arriba muy arriba, nunca estuve. Ella me subió.

Al llegar al cielo sacó de un pequeño hueco en el canalón algo de beber y un paquete de cigarros, marca Lola (le recordaba a su madre, decía). Enchufó el discman, envuelto en una bolsa para resguardarlo de la lluvia acariciadora. Así que descubrí, con los pies colgando a cuarenta metros y la camiseta pegada a mi cuerpo, su piel fresca de gotas de agua, y sus labios delimitando cada sílaba de “My heart belongs to daddy”; así que descubrí, decía, aquellas canciones de Eartha Kitt.

Con el cielo abriéndose y el perfil de la ciudad despertando; el sol entrando en el mundo y también en nuestras almas

Con el cielo abriéndose y el perfil de la ciudad despertando; el sol entrando en el mundo y también en nuestras almas; lentamente creciendo todo al hacerse la luz; con las hormigas y serpientes y gorriones de la ciudad rumoreando y moviéndose por fin allá abajo, y con su cabeza posada en mi hombro… así, decía, también descubrí esa pequeña sensación: la plenitud.

Comparte cultura

Acerca del Autor

Yo soy aquellos dos de cuya lucha consisto. Luego pedimos una botella de vino y con el viento de cara y salpicaduras de vida en las sienes, estaban las piernas largas tendidas y todo el mundo girando en sus ojos... Y al final fuimos tres... 3 en 1, como el aceite o la Trinidad... qué cosas. Intento disfrutar a pesar de todo. Más artículos y opiniones en Un cielo dividido o en @tasionite

Comenta este artículo